Luciano Sandoval reflexiona sobre la célebre frase de Federico García Lorca y la verdadera cultura taurina, el respeto al ruedo y la educación en los tendidos. 

 

¿La fiesta más culta?

El poeta granadino Federico García Lorca definió a la tauromaquia como “la fiesta más culta que hay en el mundo”. Quizá sea una de las frases más repetidas por los aficionados. El problema es que muchos terminamos creyendo que basta con comprar un boleto y sentarse en un tendido para convertirnos automáticamente en personas cultas. Pero las cosas no son así. La cultura taurina no se compra en la taquilla.

Hay reventadores que solo van a eso a las plazas; todavía no encuentran su asiento y ya están sentenciando que el juez es un vendido, que el ganadero es un sinvergüenza o que el matador no sirve para nada, todo desde el insulto y el desprecio. En demasiadas ocasiones, la supuesta fiesta más culta se parece más al ambiente de una función de lucha libre en la Arena Coliseo que a la fiesta que tanto admiraba Lorca.

Tampoco se trata de exigir solemnidad absoluta. La fiesta vive de la pasión. La crítica forma parte de ella, pero lo que nunca debería formar parte es la injuria, porque quienes están en el ruedo están poniendo en juego la vida.

¿Cómo mejorar la cultura taurina dentro de las plazas? Hay que volver a aprender, observar con atención y comprender que el toro es sensible a cuanto sucede a su alrededor. Si queremos un relevo generacional, debemos dejar de burlarnos del que pregunta y compartir lo que sabemos.

La fiesta más culta del mundo no será aquella a la que asista el público que más presume saber, sino aquella en la que todos tengan la humildad de seguir aprendiendo y el respeto suficiente para comprender que, mientras opinamos cómodamente desde el tendido, hay un hombre jugándose la vida en el ruedo.

Luciano Sandoval

17 de agosto de 2026