Isaac Fonseca arrebata el único trofeo en el séptimo festejo de la Feria del Toro ante una exigente corrida de José Escolar. Detalles y balance.
PAMPLONA, ESPAÑA – La Feria del Toro vivió una tarde de máxima tensión y verdad en su séptimo festejo, un encuentro donde la legendaria exigencia de la ganadería de José Escolar midió el oficio de una terna internacional. En un escenario donde cada palmo de terreno se cotiza a precio de oro, el diestro mexicano Isaac Fonseca logró arrancar la única oreja de la función a base de una entrega absoluta y sin concesiones.
El encierro de José Escolar cumplió con su reputación: toros serios, listos y con ese punto de complicidad que distingue a este hierro santacolomeño. Fue una corrida que no admitió dudas y que obligó a los tres espadas a desplegar toda su capacidad técnica y determinación.
La cruz de la moneda la cargó Antonio Ferrera. El extremeño, lidiador curtido en mil batallas, no logró encontrar el acoplamiento con las complejas embestidas de su primer astado, escuchando algunos pitos del respetable. En el cuarto de la tarde, ante las nulas opciones de lucimiento, decidió abreviar su labor para marcharse bajo un respetuoso silencio.
Por su parte, el colombiano Juan de Castilla demostró el gran momento de madurez por el que atraviesa. Tras un primer turno silenciado donde buscó la colocación correcta, estructuró en el quinto de la tarde una faena notable, cimentada en la firmeza y el trazo largo. El público pamplonés supo reconocer el mérito de su propuesta y le premió con una calurosa ovación tras pasaportar a su enemigo.
La apoteosis llegó en el epílogo del festejo de la mano de Isaac Fonseca. Luego de un primer encuentro silenciado, el torero michoacano salió al sexto con la determinación de quien no se deja ganar la pelea. Conectó de inmediato con la vibrante grada pamplonesa a través de un toreo de alta tensión, garra y cercanía. Tras una estocada certera, paseó un apéndice de enorme peso que premia la autenticidad de su entrega en el corazón de San Fermín.

