Crónica conmemorativa a cuatro décadas de la muerte de José Cubero «Yiyo» en Colmenar Viejo frente al toro «Burlero» de Marcos Núñez.
El eco trágico de Colmenar Viejo: cuatro décadas del adiós a José Cubero «Yiyo»
COLMENAR VIEJO, Madrid.— «¡Me ha matao, me ha matao!». El desgarrador lamento, pronunciado en brazos de su cuadrilla antes de perder el conocimiento para siempre, permanece grabado en la memoria colectiva del toreo como la rúbrica fatal de una tarde que cambió la historia. Han transcurrido cuatro décadas exactas desde aquel fatídico instante en que «Burlero», astado herrado con el hierro de Marcos Núñez, prendió de muerte en el ruedo al joven maestro hispano-francés José Cubero Sánchez «El Yiyo», partiendo en seco el corazón de una figura que apuntaba a marcar toda una época.
Con apenas 21 años y poseedor de una tauromaquia de excelsa pureza, acusada gallardía y una despampanante madurez estética, Yiyo representaba el porvenir más luminoso de la baraja dorada de los años ochenta. Aquel estío de 1985 se truncó en el sexto de la tarde, cuando el astado hizo por él en la suerte suprema de forma certera e implacable.
La efeméride resuena con un halo aún más sobrecogedor: apenas once meses antes, José Cubero había sido testigo en primera fila del drama de Pozoblanco, dando muerte precisamente a «Avispado» tras la cornada mortal de Francisco Rivera «Paquirri». La arena de Colmenar Viejo consumaba así el segundo acto trágico de una terna marcada para siempre por el destino.
Cuarenta años después, la huella de José Cubero trasciende la herida del tiempo; su imagen esbelta, su temple intachable y la serenidad de su toreo clásico continúan alimentando las páginas más entrañables y sentidas de la antología brava.
