Luciano Sandoval “Chano” reflexiona sobre el fin del sueño mundialista de México y traza un paralelismo con el respaldo que necesitan los toreros nacionales frente al malinchismo.
Y si sí?
Acabó el sueño mundialista para México. Pero habrá que admitir algo, esta selección consiguió lo que parecía imposible.
Nos emocionó, nos hizo creer, incluso convenció a los más escépticos y los que no somos afines a este deporte.
Meses antes de que comenzara el Mundial o mejor dicho, apenas unos días antes del arranque del torneo, nadie daba un peso por el equipo mexicano. "Es la peor selección de los últimos años", decían los que saben. "Solo van a hacer el ridículo", se escuchaba en las calles ó en las redes sociales, lugares donde abundan los directores técnicos que jamás han dirigido ni el tránsito.
Y, sin embargo, cuando llegó la hora, con todo en contra, la afición decidió creer. El país entero empujó. Y los muchachos, cual toro bravo al sentir el castigo, se crecieron. El resultado estuvo muy lejos de los pronósticos de los especialistas.
No pude evitar pensar que en la tauromaquia estamos exactamente en el mismo punto en que estaba la selección antes del Mundial.
Cada vez que un torero mexicano cruza el Atlántico, para acartelarse en una feria española, nunca falta quien sentencie que solamente va a hacer el ridículo. Que no tiene nivel. Que regresará con las manos vacías. Pareciera que algunos disfrutan más de los malos augurios, que celebrar un triunfo de algún connacional.
Confieso que yo no soy un entendido del futbol. Pero esta selección me hizo creer. A mí y a millones de mexicanos. La afición respondió, y los jugadores respondieron todavía mejor dentro de la cancha.
Entonces, ¿por qué no hacer lo mismo con nuestros toreros?
Basta asomarse un poco a la historia para descubrir que las mejores épocas del toreo mexicano coincidieron con las plazas llenas y con una afición que respaldaba a los suyos.
Fue entonces cuando los espadas nacionales les disputaban las palmas a las grandes figuras españolas, al grado de provocar aquello del boicot del miedo. No porque los españoles fueran malos, sino porque los mexicanos dejaron de ser ignorados y comenzaron a ser apoyados para convertirse en protagonistas.
Quizá ha llegado el momento de dejar a un lado ese viejo malinchismo que tanto nos caracteriza, entender que ninguna figura nace rodeada de aplausos.
Todos necesitan oportunidades y sobre todo, una afición que las empuje cuando las cosas no salen.
Si bien el apoyo, por sí solo no garantiza el triunfo, la indiferencia casi siempre garantiza el fracaso.
Hace unas semanas millones de mexicanos repitieron una frase que parecía ingenua ¿Y si sí?
Nadie sabía hasta dónde llegaría aquella selección. Pero millones decidieron acompañarla antes de conocer el desenlace, simplemente decidieron ponerse la camiseta.
Tal vez la próxima figura ya está toreando novilladas, está recorriendo carreteras para actuar en plazas de segunda.
El problema es que no estamos dispuestos a acompañarlos mientras llegan a serlo.
Queremos héroes, pero nos desespera verlos empezar como simples mortales.
Las figuras no aparecen por generación espontánea. También se construyen con paciencia, con oportunidades y con una afición que decide creer cuando casi todo el mundo dice que no, y alguien, contra toda lógica se atreve a preguntar,
¿Y si sí?
Luciano Sandoval “Chano”
