Crónica y balance del sexto festejo de la Feria del Toro con astados de Álvaro Núñez. Detalles de las actuaciones de Morante de la Puebla, Borja Jiménez y Pablo 


Sexto Festejo de la Feria del Toro

MORANTE DE LA PUEBLA Y PABLO AGUADO DEJAN LOS DESTELLOS ARTÍSTICOS EN UNA TARDE DE COMPROMISO

La terna saludó ovaciones tras una tarde de entrega frente a los ejemplares de Álvaro Núñez, en la que Borja Jiménez pechó con el lote de menos opciones del encierro.

PAMPLONA.— Los diestros Morante de la Puebla y Pablo Aguado firmaron las actuaciones más destacadas del sexto festejo de la Feria del Toro, celebrado hoy en esta capital, tras despachar un encierro de la ganadería de Álvaro Núñez. El balance final de la función se saldó con sendas ovaciones para Morante y Aguado en sus respectivos lotes, mientras que Borja Jiménez escuchó silencio tras dos faenas de intensa firmeza y exigencia.

Morante de la Puebla cuajó los pasajes de mayor plasticidad y hondura de la función. El torero cigrero dejó constancia de su sello personalísimo a través de lances de capa templados y series de muleta llenas de empaque y torería. Aunque el uso de los aceros privó al sevillano de la petición formal de trofeos, el público reconoció la importancia de su obra premiándolo con dos calurosas ovaciones tras romper los lances de su lote.

Por su parte, Pablo Aguado exhibió la pureza de su concepto a través de dos faenas marcadas por el temple, la naturalidad y la suave cadencia en los trazos. Aguado corrió la mano con una pulcritud impecable, logrando conectar de inmediato con los tendidos gracias a la ligazón de sus muletazos de mano baja, lo que le valió salir al tercio a saludar el fuerte reconocimiento del respetable al término de ambas intervenciones.

La cruz de la tarde la llevó Borja Jiménez, quien se topó con las opciones de menor juego de la corrida de Álvaro Núñez. A pesar de su decidida disposición, capacidad lidiadora y del esfuerzo constante por extraer pases ante las evidentes dificultades y la falta de transmisión de sus oponentes, el lucimiento resultó imposible, saldándose sus turnos con dos respetuosos silencios por parte de la afición.