El campo bravo de Tlaxcala evoca hoy una de sus fechas más solemnes. Se cumplen 29 años del fallecimiento en la Ciudad de México de Don Raúl González González, un hombre cuya existencia estuvo ligada de forma indisoluble al misticismo y la exigencia del toro de lidia.Más que un criador, Don Raúl fue el guardián y continuador de una de las dinastías ganaderas más imponentes y respetadas del país: Piedras Negras. Su pasión por la fiesta brava no se limitó a los potreros; en su juventud, la vocación lo llevó a vestirse de luces y pisar con valor el ruedo de la Monumental Plaza de Toros México. Sin embargo, el llamado de la tierra y la sangre familiar fue más fuerte, asumiendo con absoluta entrega los destinos del mítico hierro. Bajo su guía, la casa mantuvo intactos los conceptos heredados por generaciones, defendiendo una identidad inquebrantable que se resume en su máxima más sagrada: "La bravura por delante".
Hoy, el testigo de esa devoción por el toro astado permanece en las manos de su hijo, Marco Antonio González Villa. Con profunda responsabilidad, gallardía y respeto a la memoria de su padre, Marco Antonio conduce el destino de la emblemática divisa roja y negra. Una casa que, a través de los siglos, ha bordado con letras de oro las páginas más gloriosas del campo bravo tlaxcalteca y de la tauromaquia nacional.
Colaboración Juan Angel Sainos Lopez